La lluvia tamborilea el tejado. La llamas del fuego danzan dentro de la chimenea. 
Hoy los primeros brotes asomaban en los arboles y las grullas cruzaban en grandes nubes el cielo en la vuelta de su viaje vital, huyendo del frío, como cada primavera.
Los animales viven las estaciones y nosotros nos hemos empecinado en olvidarlas. 
Terminamos un invierno anodino, insulso, que muchos días te hace sentir extraño.
Me gustan las estaciones, vivirlas, sentirlas. Que las estaciones sean de libro o mejor dicho de cuento, que el cuerpo se amolde a ellas.
Nos hemos vuelto aburridos, fútiles antes ellas; delante de un ordenador no sabemos si las hojas caen o el río brama con el agua del deshielo.
A los niños no les educamos a distinguirlas, los adultos nos hemos vuelto insensibles ante ellas.
Hoy la primavera ha empezado a despertar, el estómago se ha encogido al escuchar las grullas. Somos afortunados de vivir con la estaciones; en otros lugares del mundo no tienen esa posibilidad; la de ver cambiar la naturaleza. 
Una danza perfecta cada pocos meses.
La chimenea sigue devorando madera. El calor del fuego es el mejor, aunque si tengo que elegir prefiero una caricia.
Mañana buscaré colores por el bosque, empieza el maravilloso despertar del letargo de la naturaleza.

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar