La lluvia ha espantado los turistas de las playas.
Reflejan las nuves en los charcos de agua dulce con olor a salitre. Curiosa mezcla.

El sol nos abandona demasiado pronto: ya no tiene a quien seguir bañando en la arena dorada.

Han pasado más de 4 semanas y empiezo a recuperarme del Rescate Emocional. Nombre curioso, también. Curiosa ruta. Magnífico entorno. Increíble lugar.

Cargadas cuál petates andantes, con reservas para 3 o quizás 4 días si la lluvia nos lo permitía, nos adentramos en los prados de vacas que rodean Peña Santa. Siempre se hace largo el camino con mochilas que abultan más que el alma quejumbrosa que la acarrea. Pero ¿qué le vamos a hacer? Tenemos esa manía de comer cada día, y esta vez, no nos estamos de lujos. Ni cuscús, ni sobres de gallinasblancas disecados, no. Sabemos que este sitio se merece mimos… y nos los vamos a dar! aunque nos cueste 3 horas de bella caminattta.

Escojemos Rescate Emocional. Por el nombre; por la topo; por-que-nos-la-habían-recomendado; porque-si… En otras palabras: porque no-sabemos-dónde-nos-metemos. Y nos encanta.

Esperamos al alba, nos brillan los ojos, cogemos aire… y pa’riba.

Creo que desde el segundo largo empezamos a entender el nombre. O al menos, cerrar el abanico de los posibles significados. El sol nos saluda insistentemente desde el minuto cero. Temperaturas de trópico en latitudes de Picos de Europa… en una cara sur: ni. una. sola. nube.

Tenemos la brillantez (que durará poco) de empezar empalmando largos. A la vez, empezamos también a olvidar lo que es tener el seguro a los pies, porque pocas veces tendremos. Bueno si, a los pies si: allá a lo lejos, en el fondo, técnicamente también seria a los pies. Pero parece que aunque con “alegría” subimos ligeras. Cuán erradas íbamos!

En un momento dado, desaparecen del reloj más horas de las que hubiéramos imaginado. Sin pedir permiso. Sin avisar. Sin hacer ruido. Simplemente: se fueron.

Sin mirarnos, sin decir palabra, cuál sol se funde en las nubes, decidimos por unanimidad (diríamos que estábamos agotadas, el sol nos había sangrado hasta la última gota de agua del cerebro, pero no, que no quedaría serio) por mayoría absoluta, decidimos que queríamos pasar una noche bajo las estrellas. Y así fue.

Millones de estrellas nos cubrieron la noche, despacito se iban moviendo para vernos mejor, para asegurarse que estábamos bien. Y descubrimos!!

Y descubrimos algo extremadamente importante: a través de la manta térmica se ven las estrellas!!!!!!!!!

Pues si, necesitaremos un rescate emocional después de ésta.

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Y para regar nuestras Margarita’s mentales:

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