Vía histórica, histérica, en la mente de muchos, en las manos de pocos, parte de la leyenda del Congosto. En miles de letras que describen su particular hazaña.

 

Y así empiezan, más o menos, todos los relatos sobre ella. Con personalidad propia. Con carácter. Con incertidumbre. Con leyendas. En Mayúsculas.

 

Pero a veces sólo depende de un sí o un quizás. De un ¿debo o no puedo? De un ¿mañanaaa? De un: bueno-vale-deacuerdo.

 

Una vía cómo ésta, en la pésima condición física del momento, con compañeros con los que nunca había compartido cuerda… quizás no era la mejor opción.

 

– Ok! Viernes por la tarde en Viacamp (cómo dice mi hermana: pueblo con nombre de detergente. Con todos mis respetos.)

 

Y allí que vamos.
Dan lluvia a la madrugada (deberíamos estar caminando cuando estará lloviendo!!).
Tiempo raro, viento, nubes…
Todos los astros.

Llueve. Desayunamos. Y arriba! A secar los árboles! El sol ya hace rato que ha salido!

No hay mejor manera de pasar las horas que reírse. Y este fin de semana me hartaré. No hay mejor manera de escalar, que pasándotelo bien. Y qué bien te lo puedes pasar escalando! El miedo y la saturación mental se llevan mejor cuándo los de la reunión te van diciendo tonterías y no te dejan pensar.

– A veeer, miraaaa. Fotooo
– Si os esperáis un segundo hasta sonreiré un poco!

(está intentando asegurar en un paso de travesía delicado, qué compañeros más majos, oye!!)

Segunda parte del relato obligado: una vez superados los primeros largos de siglos de costra (que con la de gente que ha debido pasar no entendemos cómo sigue escamándose la roca) nos sorprenden los largos y la roca. Aquí entendemos que el Montsec es Montsec aquí y en Vilanova de Meià, y las formaciones calcáreas algo de parentesco tienen.

Unos largos con todo lujo de detalles nos dejan en la vía vecina, la más concurrida del lugar, y no por ello menos bellos.

Una vía bonita dónde las haya, de las de repetir. Lo tiene todo: calentamiento en bajada; calentamiento en los primeros largos; recalentamiento en algún que otro paso; vistas privilegiadas; millones de observadores que a veces te hacen sentir parte de un espectáculo; subida aeróbica para desentumecer cuerpo y mente. Y final feliz? El final feliz vino cuándo (más sabe el diablo por viejo que por diablo) desviamos a buscar el coche en el camino de arriba (abucheos varios, eso es trampa!!).

 

 

Con caras de traviesos degustamos la pista mientras el sol nos pinta aún las mejillas.

– Las llaves??
– En su sitio.

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